Algo más que dólares para alimentar a los cubanos


Diario Las Américas
Publicado el 05-01-2009

Por Iliana Lavastida Rodríguez

Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos pueden analizarse desde diferentes perspectivas. Alguien que desconozca la historia, observando el decursar de los últimos cincuenta años podría hacerse el juicio de una vecindad hostil. Baste recordar algunos de los episodios más drásticos que dan fe de rupturas y distanciamiento entre dos países a los que sólo separan 90 millas de distancia geográfica.

Las primeras medidas adoptadas por el gobierno que dirige la isla desde enero de 1959, y que despojaron a Estados Unidos de sus propiedades en aquel territorio sin que se produjera retribución alguna, sentaron las bases de lo que devino con los años en un largo camino de pugnas en el cual, el poderoso vecino del norte, sirvió y sirve como anillo al dedo, para achacar la culpabilidad por las ineficiencias del sistema impuesto en la mayor de las Antillas, empeorado por la represión y el irrespeto a los más elementales derechos de los ciudadanos.

Convenientemente nombrado bloqueo, que en algún momento lo fue cuando la crisis de los misiles, por el peligro potencial que representaba para Estados Unidos la presencia del arsenal soviético en tierras cubanas, el embargo económico mantenido por los gobiernos estadounidenses hacia el régimen de los Castro, si en alguna medida ha tenido efecto, lo ha sido como herramienta para alimentar un férreo sentimiento antinorteamericano dentro de Cuba y como el más socorrido de los pretextos para ofrecer un por qué al hambre, el deterioro social y el recrudecimiento del control como necesidad ineludible “ante la amenaza perenne de una agresión enemiga”.

Paradójicamente, Estados Unidos, el país escogido por la maquinaria ideológica cubana para encontrar las más inverosímiles justificaciones a la arbitrariedad y el sin sentido, durante el medio siglo que antecede al momento actual, se convirtió en el principal refugio de los cubanos.

Inmediatamente después de 1959, la emigración desde la isla hacia el norte ocurrió con la esperanza de convertir este país en una alternativa temporal que permitiera ganar fuerzas hasta que fuese derrocado el socialismo en Cuba. Con el pasar de los años, las generaciones posteriores, y que formaron parte del experimento castrista, sortearon cualquier obstáculo, desmembraron sus familias y pusieron en riesgo la vida porque era preferible venir a jugarse la suerte en un mundo completamente desconocido que continuar marginados y vejados dentro de su propio país.

Dentro de esta realidad y con un problema nacional que los cubanos arrastramos más allá de nuestras fronteras, la sociedad norteamericana ha convivido y ha sido testigo de los grandes esfuerzos que desde el exilio se han hecho para cambiar la realidad de la patria lejana.

Tanto se han identificado el pueblo y los gobiernos norteamericanos con el problema de Cuba que el tema forma parte de agendas y programas de gobierno, condicionando relaciones que interesan el comercio y la política exterior.

El levantamiento reciente de las restricciones de viajes y envíos de remesas de cubanos residiendo en los Estados Unidos hacia sus familiares en la isla, así como otra serie de medidas para que empresas telefónicas faciliten el servicio de las comunicaciones dentro de Cuba se presenta para algunos como alivio en pos del acercamiento familiar; para otros, como una decisión unilateral que facilitaría el ingreso de recursos financieros al régimen cubano e incluso que le permitiría perpetuarse de manera indefinida.

Si bien se corresponde con un nivel superficial de análisis el observar en esta decisión del gobierno norteamericano solamente el lado humanitario, el propósito estratégico de este paso no debe quedar desechado, sin caer en la ingenuidad de pensar que ante el peligro de perder la socorrida justificación del “bloqueo”, los ideólogos de la maquinaria propagandística cubana no inventarán una historia de “riesgos de ingerencia imperialista en los asuntos internos del país” para incluso, obstaculizar la materialización de las medidas.

La práctica ha demostrado que las regulaciones establecidas para el mantenimiento del embargo a Cuba se han distendido con los años y de no ser así no existirían las estadísticas comprobadas de que Estados Unidos es el país del hemisferio que mayor cantidad de alimentos ha vendido a la isla durante los últimos años, aunque luego los cubanos de a pie para adquirirlos, deban acudir al mercado de divisas que se sostiene precisamente de dólares norteamericanos.

1 comentarios:

Anónimo dijo...

muy bueno este articulo, esperemos que los señores de la guerra no cojan por malos caminos y nos perjudiquen a todos como es habitual en ellos

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