Ya cae la tarde sobre la ciudad, deambulo a solas con mi armadura ósea por esta calle tan famosa y plural, testigo de carnavales, de la ira popular contra la dictadura de los Castros y de la botadura de unas cuantas balsas que emprendieron el camino de la libertad, de edificios en ruinas que serpentean con un paralelismo perfecto a su acera opuesta que detiene y somete la braveza del mar Caribe por estos tiempos otoñales, con su mole de piedra y hormigón que cohabitan en perfecta armonía en esos arrecifes testigos de toda la historia de la ciudad, esa calle donde la falta de constitucionalidad atropella a putas y chulos, a bisneros y traficantes que desafían la vida y las férreas ordenanzas dictadas por el verde olivo supremo en su afán para tratar de poner orden, en un desorden y desigualdad sin igual creada por el mismo y su aberrante modo de administrar hasta el oxigeno que se respira, pero pese a todo esa gente están allí inamovibles desafiantes luchando a brazo partido para vivir un punto por encima de la miseria media nacional.
Me salpica el salitre y me deprimen los ruinosos edificios otrora orgullo de la ciudad, convertidos ahora en barracones mugrientos y moles de escombros que dan albergue a los que han tenido que renunciar forzosamente a su futuro, a esos esclavos modernos sin grilletes sometidos a una absurda ideología que solo deja margen al desamparo y a las escaseces de todo tipo, a esa gente, mi gente, que es obligada a vivir por decreto en libertad condicional que no se le permite la disensión, ni el pensar, que al intentar quebrantar esta condición se le otorga un castigo cruel y degradante sin derecho a reinserción social.
Avanzo y la muchedumbre que trafica con todo tipo de prohibiciones va en aumento, voy recibiendo a lo largo de mi paseo vespertino todo tipo de proposiciones unas muy nobles, otras más desesperadas y deshonestas pero todas entrañan un mismo peligro la prisión inmediata, sin derecho a la presunción de inocencia ni a juicio justo e imparcial.
Voy de cara a ese sol que con mucha pereza se va perdiendo por el horizonte diviso entre olas y espuma del rompiente varias gaviotas que ostentan y hacen gala de lo que toda esta muchedumbre añora, la autentica libertad, ya me acusa un poco el cansancio estoy a la altura que ese oprobioso trozo de tierra mal llamado tribuna antimperialista que se auto fabrico el señor imperial de la isla cual pirámide de la cultura egipcia para enaltecer su ego personal, observo que ostenta desafiante y ofensiva muchas banderas cual manto de luto con una estrella solitaria blanca en el centro de tanto negro, banderas irreconocibles sustituyendo a mi bandera cubana, no sé qué significan estos trapos dentro de tanto absurdo y represión, trato de contarlas y me mareo, me molesta su ruido pero me ofende mas su monocromía, reflexiono volátilmente y me pregunto a mi mismo porque tanto odio y saña contra todo un pueblo indefenso solo a cambio de salvaguardar el bienestar de una sola familia con apellido corto y de origen prerromano-gallego y significado militar.
Ya voy rebasando el ignominioso lugar y descubro el porqué de tanto absurdo, ante mí una pantalla que mueve letras con mensajes muy importantes para todo mi pueblo. articulo 19 Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho incluye el de no ser molestado a causa de sus opiniones, el de investigar y recibir informaciones y opiniones, y el de difundirlas, sin limitación de fronteras, por cualquier medio de expresión.
Ya estoy muy cansado física y mentalmente, me detengo ante un grupo de jóvenes que guitarra en mano hacen la historia de estos tiempos y desafían al señor imperial que les quiere pisotear sus ideas y pensamientos, termino con ellos dándome un baño de juventud, chispa e tren y cantando a viva voz ya avanzada la noche, lucha tu yuca taino, lucha tu yuca, que el cacique esta que delira….













