LOS CAMBIOS, SIN CAMBIO.


La familia imperial Castro quiere ostentar por la fuerza el monopolio del pensamiento y la palabra de todos los cubanos hasta la muerte, y viven rentabilizando la represión y el terrorismo político de estado, única y exclusivamente para su propio beneficio familiar, en estas condiciones del panorama actual cubano. ¿Quién puede traer bienestar, innovación y competencia para todos?



Le llaman cambios al maquillaje que le quieren dar a la difunta isla de Cuba, para presentarla nuevamente en sociedad como un cadáver reluciente y renovado, pero cadáver al fin. Para iniciar unos cambios con garantías y credibilidad primero que todo tienen que responsabilizarse del cadáver, decir valientemente fuimos nosotros y nadie más los asesinos, tienen que pedir perdón a los familiares (el pueblo cubano) y después emprender con toda humildad los verdaderos cambios que se necesitan empezando por su dimisión, la sociedad cubana de hoy es un cementerio de vivos, que no viven más que para finiticar los días asignados por dios a sus maltrechos cuerpos físicos y cumplir así su obligado ciclo de vida sin otra esperanza que no sea morir, sin sentir que se ha vivido, ni que se ha disfrutado de lo más valioso que tiene el ser humano, la vida.
Hay que despertar de la reticencia, tenemos que dinamizar nuestro discurso y cerrar filas contra los que por su propio bienestar e interés auguran la prolongación del sufrimiento para el pueblo cubano, viendo su filón en el amparo de las élites hereditarias afines a la dictadura y su sistema cerrado de sociedad. 

En la blogosfera cubana se va ampliando cada vez más el sector de los que no se sienten comprometidos con la causa cubana (la libertad) y muchos de ellos no conformes con su posición además se dedican a erosionar nuestra causa intentando crear duda y división. Y ahora más que nunca es cuando tenemos que juntarnos y navegar en una sola dirección, con la misma eficiencia y valor que lo hicimos cuando nos lanzamos al exilio en la búsqueda de nuestra libertad personal, ahora toca ir a por la libertad de todos.

CUBA, ROCK O HIP HOP

Esta estrofa valdría para un Rap:

El día que en Cuba hayan mas ciudadanos cívicos que camaleones estafadores, Yo voy a ver de qué tamaño van a empezar a construir los principios y la vergüenza.




Los Aldeanos otro descaro mas, otro vivir del cuento, algunos jóvenes cubanos de hoy se han especializado mucho en el roll de caperucita "roja", pero en el fondo les gusta vivir junto al lobo, le necesitan y hasta le aman.
¿A esta movida entre Cuba y Miami le llaman intercambio de cultura?, para mi esto es trafico de pacotilla y dolares, es un esnórquel personal para renovar el armario y los electrodomésticos de la casa, otra opción mas que deliberadamente permite la dictadura, esta vez al sector cultural para que no sea solo el personal de la salud los beneficiados que en Venezuela u otros países tercermundistas puedan hacer un poco de dinero y traer pacotilla, aunque estos últimos con la desventaja de poner en peligro su vida en estos países nada seguros.

Los Aldeanos carentes de lógica e ideología definida, sus canciones hoy constituyen una estafa para su publico, el artista tiene que expresar lo que siente, si no, es un camaleón, una maquina de hacer dinero.
No es aceptable vender un discurso disidente en Cuba a través de las canciones y luego en Miami decir cosas tan incoherentes como que Castro no es el problema de Cuba, yo de momento me quedo con el rock.

Un ultimo consejo para estos guaposos, aseres cuando lleguen a La habana contacten con Gorki Águila y cámbienle un poco de su guaperia barata por el valor que de sobra demostró en su viaje a Miami el rokero.

EL BELLO PAÍS DE LA MUERTE

 Fragmento del libro Los funerales de Castro, Vicente Botín.
“No se puede entender la Revolución cubana –dice Cabrera Infante –si no se considera como uno de sus elementos integrales, casi esencial, al suicidio”. Pero el suicidio en Cuba viene de muy atrás. Los aborígenes de la zona, según cuenta Florence Jackson Stoddard, se referían a Cuba como el bello país de la muerte. El demógrafo Juan Pérez de la Riva sitúa en 30`000, casi el 30% de la población nativa, el numero de aborígenes que se suicidaron en la isla para escapar del trabajo esclavo al que los sometían los españoles. De ello da cuenta en su diario fray Bartolomé de las Casas: “Comenzaron a ahorcarse y sucedió a ahorcarse todos juntos, una casa, padres e hijos, viejos y mozos, chicos y grandes y unos pueblos convidaban a otros a que se ahorcasen para que salieran de tantos tormentos y calamidades”.
Los esclavos de las plantaciones de azúcar imitaron a los indios y eligieron muchas veces la vía del suicidio ante el trato brutal que recibían de sus amos. Fernando Ortiz dice que “el esclavo pretendía romper sus ataduras y si bien jamás logro violentamente su libertad como clase social, alcanzo muchas veces burlar a su amo sustrayéndose a la propiedad de este por la fuga o por el recurso supremo de todos los oprimidos impotentes, el suicidio”.
Una forma habitual de quitarse la vida era tragarse la lengua, como hace Pedro, un cimarrón al que dio vida Cirilo Villaverde en su novela Cecilia Valdés: “Ora haya hecho uso el negro de los dedos, ora de un poderoso esfuerzo de absorción, evidente es que, doblando la punta de la lengua hacia dentro, empujó la glotis sobre la tráquea y quedó ésta obliterada, impidiendo la entrada y la salida del aire en los pulmones, o cesando la inspiración y la espiración. He aquí lo que el vulgo llama tragarse la lengua y que nosotros llamamos asfixia por causa mecánica”. Se lo cuenta el doctor Mateu a don Cándido, el dueño de la plantación, quien se lamenta, no por la muerte tan horrorosa del esclavo, sino porque “valía lo que pesaba en oro para el trabajo”.

Eres como una visión en mi locura
y en la copa que me embriaga
veo tu figura, quiero ahogar mi decepción,
y por eso busco en la cerveza
mi tristeza dejar
para olvidar tu amor.
Humo y espuma, bolero de Rolando Rabí. 

Hay quien se marcha también del país cada día y regresa y se vuelve a marchar al día siguiente, arropado por nubes de vapor de alcohol destilado con productos al alcance de bolsillos vacíos. Muchos cubanos, especialmente en las zonas más deprimidas de la capital, fabrican y venden a sus convecinos bálsamos de fierabrás, para darles el coraje necesario para vivir en paz consigo mismos y poder enfrentarse a la desesperación de ver pasar los días y ver pasar los años sin el consuelo de una mentira que les haga creer que algo ha cambiado aunque sepan que todo sigue igual. “Date un trastazo mi hermano, que no hay más ná” es su invitación al olvido. El Azuquín, Chispa e tren, Bájate el blúmer y, sobre todo, el Alcolifán, fabricados con arroz fermentado, papaya, mangos, piñas o cualquier otra fruta, cumplen la función de adormecer los reproches propios y los reproches de “los de allá”, los familiares de Miami que se fueron en balsa, que es la manera cubana de echarse al monte.