Mostrando entradas con la etiqueta revolución cubana. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta revolución cubana. Mostrar todas las entradas

(Cantar) Exigir y protestar.


Mi país es una isla, tan pero tan bonita, que por ser tan bonita es maldecida por una extraña circunstancia, por un accidente (no incidente, ni disidente) político, por una estafa a gran escala nacional. Que la obliga a practicar la chusmería, que elogia y ensalza a cualquiera porque no cree ni en sí mismo. Que obliga a sus ciudadanos a tratar con mimos y cuidados a forasteros que vienen de países donde ejercen libremente el derecho a exigir y protestar y aquí alababan la abolición de esos derechos.
Bueno ¡Basta!, basta ya de boberías. ¡A la mierda! Ni una palabra más, que todo esto es perfecto, que no hay errores, que somos invencibles, cada vez que oigo a un comemierda de estos, asomado a un televisor ladrando, que todo es perfecto, que no hay quien encuentre una falta, salto como un resorte de mi maltrecha silla y comienzo un ritual con voz atronadora que me alivia al expresarme. ¡No puedo tolerar!, ¡No puedo tolerar!, ahora entiendo, ahora comprendo, ¡No puedo tolerar! ¿Quién no se siente acosado, desconcertado, muerto en vida? …¡Todo el mundo!, ¡Todo el mundo! Pero hay miedo. Es tanto el miedo que nadie se atreve siquiera a manifestarlo.
Lo peor es que todo se ha tergiversado de tal modo, todo se ha mezclado, envenenado, contaminado, confundido que ya apenas se puede precisar donde terminan las buenas intenciones y comienza la estafa, porque no les quede la menor duda hemos sido estafados, de tal manera que solamente tenemos una vaga idea de las macabras maquinaciones que se esconden detrás. De tal manera que si llegaras a comprenderlo plenamente enloquecerías al momento. ¡De tal manera que si alguien se atreviese a denunciar o simplemente advertir esta estafa, ya habría otra humillación mayor aguardándole!
Los planes para alimentarnos no marchan bien, no interesa que marchen bien, pero los planes para ofenderte, para rebajarte, para obligarte a decir que sí aunque tú conciencia diga no, aunque mueras de hambre y furia, marchan a la perfección.
Es que no hay escapatorias, es que parece como si todo se hubiese confabulado para hundirte y estuviesen vigilándote, constantemente averiguando, escudriñando:
¡Ah, con que por ahí puedes respirar! ¿Eh? Y ¡Zas! ¡Cierren!.
_Muérete, asfíxiate cabron y canta, canta, canta… Porque esta es la felicidad, esta miseria que te consume es tu porción de revolución.
_ ¡Canta! ¡Canta! Esta humillación perenne a todo el que nos contradiga ¡Canta! no dejes de cantar la oda a nuestro comandante salvador, a nuestra familia imperial, ellos se lo ganaron en la sierra, anda ve, has tu lo mismo, si tienes cojones, si te atreves, pero ¡Canta!, mientras no dejes de cantar ¡Canta a nuestro jefe! ¡A nuestro divino cacique! ¡Canta! aunque en ello te vaya la vida, aunque te quedes sin dignidad, pero ¡Canta!
¿Qué se puede esperar de un pueblo que siempre ha vivido en la esclavitud y el chanchullo?
¿Qué puedes hacer tú para sobrevivir, para no señalarte, sino imitar a los otros?
Tomar su lenguaje, sus maneras, exagerarlo todo aún más para que no te descubran. O quizás intentar todo lo contrario, dejar de imitar, desmarcarte de lo oficial, no decir nada ni en bien ni en mal, simplemente no decir nada, dejar de imitar a los demás, apartarte de la chusmería, dejar de elogiar la falsedad, exigir y protestar, esa es la clave, exigir y protestar.
Exigir y protestar, exigir y protestar, exigir y protestar...
_ ¡Al campo!
_Pero qué coño me dices.
_ ¡Al campo!
_ ¿Trabajar en el campo, me quieres decir?
_ ¡Al campo!
Al campo va a trabajar la resinga de tu madre, para qué coño me hiciste ingeniero nuclear, para que le arrebataste al pueblo todo el dinero que costo mi carrera, para desperdiciarlo ahora recogiendo papas, ¿Cuantos litros de leche fresca costo mi carrera?, ¿Cuántos sacos de malanga costaron mis viajes e investigaciones? ¡No! No me puedes humillar así.
¡Canta! No dejes de cantar.
¡Canta hijo de puta!
Que para eso esta revolución te dio estudios gratis.
¡O muérete, si no sabes cantar!
Que para eso esta revolución te dio medicina gratis.

Gracias a Reinaldo Arenas y su novela "Otra vez el mar" de ella he robado algunas frases. 
Gracias a Orlando Luis Pardo a el le fache la foto.
Podríamos decir que este post todo es un robado, nunca mejor dicho.

Mama revolución, abandona a sus pichones


Así lo están dando a conocer algunos dirigentes Cubanos, de un tiempo para acá ese es su lema, ya no pueden seguir manteniendo a sus pichones y el ultimo en pregonarlo a los cuatro vientos recientemente fue nada más y nada menos que uno de los más siniestros personajillos de la prole, Ramiro Valdez que dirigió por muchos años la policía política en la isla e hizo mucho, muchísimo daño a los pichones.
Ya la poca vergüenza que tenían estos aprendices de todo y graduados de nada les abandono definitivamente, reflexionen junto a su abuelo cagalitroso en jefe y reconozcan la verdad, llevan 50 años cortándole las alas a sus pichones y ahora le piden que levanten el vuelo y sin ningún pudor les achacan toda su frustración e inmovilismo económico y social.
Acuérdense que aplastaron una gran lista de oficios por cuenta propia, de los cuales dijeron que eso le hacía daño a la revolución, cuando la realidad ha hecho palpable que los que más daño han infringido durante todos estos años a todo un país han sido ustedes mismos.
Tomen un consejo del sentir de la mayoría, antes de quitar la libreta de abastecimientos, abran las celdas a los presos políticos, liberen el mercado y dejen que cada cual haga su labor según su talento y conocimiento, no por sus filiaciones políticas, paguen a todos los trabajadores un salario mínimamente digno, dejen que los cubanos radicados en el exterior planten sus negocios en territorio nacional, no humillen mas a los cubanos y déjenlos pensar y actuar con total libertad, no siembren más odio que de nada les vale dentro de poco serán un amasijo de huesos tirados en un hoyo y odiados por todo un pueblo.