A ti “guerrillero del tiempo” que intentas controlar mi pensamiento "anti-ti", que me odias cuando razono en tu contra, que me maltratas cuando dejo de creer en ti, que mataste mi esperanza con consignas huecas, “valiente guerrillero” jugando a los soldaditos de plomo sobre una enorme maqueta plantada en el MINFAR a cientos de kilómetros del lugar donde se dejaban la vida miles de cubanos, en una batalla agónica de la vida real africana, a cambio de una medalla que hoy cuelga en un tendedero de baratijas de La habana vieja y difunta, a la espera de que un turista la adquiera por 1 CUC, guerrillero adusto quitándote del medio a todo cuanto te estorbaba, fulminándolo con tu dedo sentenciante, implicándonos a todos por la fuerza en cuanto disparate se te ocurriera, etiquetándonos y diferenciándonos según el grado de aceptación que mostráramos en público con tus locuras transitorias.
Guerrillero dedicado a tiempo completo en complacer círculos internacionales de terrorismo radical, abrazando siempre lo mal hecho, criticando constantemente al mundo desde tu particular isla de ciudadanos mutantes, famélicos y mal nutridos, erigiéndote desde tus graves problemas de funcionamiento nacional, siendo entre tus logros más notables en tantos años de poder absoluto, el arraigo por el robo para el sustento familiar, la miseria humana como virtud social, la obligada participación y el aplauso en tus circos a cambio de una mínima cuota de oxigeno dentro de la isla, para sobrevivir en doble moral y obligado mutis.
Por culpa de tus caprichos personales tuvimos que renunciar al futuro, nos impusiste un deber que nos hundió nuestras vidas, nos separaste, nos fragmentaste, quebraste nuestra unidad familiar, ni libres y lejos de ti le permitiste a muchos (los mas cobardes o comprometidos) expresarse, ni vivir con total libertad, nunca pudimos hacer nada dentro de tu panóptico que no fuera a través de tu control y observancia, por eso nos cuesta trabajo creer hoy cuando alguien hace algo por la libertad allí dentro.
Ahora reapareces en escena con tus memorias escritas, intentando prohibirnos también el olvido de tu execrable pasado, en un grueso par de libros que serán devorados en los servicios sanitarios cubanos, ahí te vemos ante las cámaras con el deterioro que la vejez imprime en la piel de los ancianos, con ese semblante gris pálido de octogenario al que le quedan poco más de un verano, parece hasta mentira, toda la vida juntos, 53 años viéndote y oyéndote en la prensa esclava, en la TV esclava, rehuyendo tus coprófagos discursos, esquivando tu crueldad y sufriendo tu demencial castigo.
Qué pena siento de esos que te han dedicado (como inútiles marionetas) toda su vida en servidumbre sin tu merecerlo, de los que ahora en el ocaso de su existencia sucumben en la más absoluta miseria, mientras tu viejo zorro sobrellevas el día a día de tu agotada existencia en tu bastión de máxima comodidad, teniendo tus últimas imaginarias batallas con los cascarones de langostas que te atacan intentando manchar tu babero revolucionario, manjares deliciosos que te tienden una emboscada de fantasía senil y medicamentos de última generación que como morteros estallan de tu cuerpo permitiéndote sobrevivir a la hecatombe que provoca en el cuerpo humano el paso del tiempo.
Guerrillero de ninguna batalla, de asaltos frustrados a cuarteles soñolientos, de campismo serrano alejado prudencialmente del frente de batalla, verdugo intemporal, es tanto el sufrimiento que nos has infringido que el día que partas nos quedaremos estupefactos, como el que recibe la mejor noticia de su vida, será un golpe de alegría tan fuerte que nos dejara vacíos, desorientados sin atinar a cuanto o como hay que celebrar, la enhorabuena sin ti, sin ti para siempre.
Pero tu vete tranquilo al infierno que aquí en la vida nadie preservara las cadenas con que nos ataste, borraremos la memoria de los últimos 53 años de pesadillas después de hacer pagar a los esbirros más próximos a ti, para nosotros será un sueño maravilloso hecho realidad de la noche a la mañana, como en las películas.
Quizás en ese último momento de agonía intentes pedirnos perdón a través de tu cardenal estatal de “la iglesia caótica cubana” en unas mini memorias balbuceantes de extremaunción satánica, pero en tus oídos sentirás la respuesta contundente de un pueblo que te dirá, es ahora que te vienes a dar cuenta del daño que nos has hecho hijo de puta.





