Cubano si
no estás haciendo algo que te asusta, algo que te supone un desafío, entonces
estás jugando al juego de la vida a media máquina y las oportunidades que podría
marcar la diferencia entre ser libre y no serlo seguirán lejos de tu alcance.
Se hace
imprescindible comenzar una nueva etapa con acciones más novedosas, con
diferentes perspectivas, las nuevas generaciones de cubanos no pueden darse el
lujo de que los históricos verdugos mueran en sus sillas de mando y correr así
el riesgo de que estos pasen el mando a sus hijos, si quieren tener algún futuro
para sus vidas, la catarsis cubana tiene que actuar como un resorte que expulse
de sus puestos a los tiranosaurios y su plaga de sumisos.
Satisfacer
la necesidad de justicia de la gente es algo en lo que ni siquiera los
estamentos competentes para hacer justicia han tenido éxito, la maquinaria de
justicia que tiene la dictadura solo satisface la sed de venganza y la
necesidad de castigo que tiene el dictador, la dictadura y sus acólitos.
Todos los
cubanos que nacimos ya con la dictadura en el poder estamos contaminados física,
cultural, emocional y espiritualmente, seguimos atrapados en un circulo vicioso
que no conduce a nada y que a su vez hace que se disparen a niveles
insospechados la apatía, el desencanto y los malos sentimientos, entre nosotros
mismos prima el resquemor y la desconfianza ante cualquier acción ya esté a
favor o en contra de nuestros intereses, cubanos que hasta hace muy poco vieron
como única salvación para sus vidas el escapar de la maldita isla hoy critican
con fervor a los que le suceden en la fuga en una manifestación desbordante de individualismo
y solipsismo hacia sus congéneres, hasta nuestros días todavía no hemos sido capaces
como pueblo civilizado de reconocer un punto medio, nos solemos desplazar desde
un extremo al otro sin detenernos por el trayecto, solo reconocemos en nuestra
escala de calificaciones sociales al empático disidente o al psicópata dictador,
no nos detenemos en los matices y quizás a medio camino entre el empático y el psicópata
sea donde este la clave para solucionar nuestros graves problemas.
A las
nuevas generaciones no les interesa la revolución ni la contrarrevolución,
ellos se sitúan en terreno de nadie, enarbolan la bandera de la apatía y la
usan como mecanismo de defensa porque ya sus padres desde la cuna les
advirtieron de los peligros que conlleva hacer cualquier manifestación no
oficialista dentro de la isla jaula, se les inculco la doble moral y en la
vorágine por la subsistencia sus padres ni siquiera se cuidaron de no mostrarle
las actividades delictivas que tenían que acometer a diario para poder traer el
sustento a casa, en el arte de la simulación criolla públicamente los jóvenes saben
hasta donde pueden ejercer su paupérrima libertad, hoy la revolución no cree en
los jóvenes como tampoco los jóvenes cree para nada en la revolución y la prueba
de ello está en que todavía no se ha producido en las altas esferas de poder un
relevo generacional, los tiranosaurios siguen mandando desde los geriátricos adaptados
para la ocasión en oficinas gubernamentales por temor a la fagocitosis
generacional.













