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El primer café de la mañana


No es jamón asere, desde que te levantas de la cama ya estas delinquiendo, ese primer acto de lavarte la boca te hace reflexionar muy profundo, si no hubiera luchado unos fulas me estuviera lavando ahora con agua y sal, que resuelve, mata las bacterias pero da más peste a boca que la que nos concede el organismo por propia naturaleza.

Bueno ahora llego el momento cumbre de todo cubano, este donde este, la primera colada de café, esto es sagrado señores ese primer sorbo acaricia las papilas gustativas y te sumerge en una profunda reflexión así comienzan a fluir las tareas del día, a través de multitud de preguntas que afloran desde tu subconsciente.

_ ¿Qué coño invento hoy para darle de comer a toda esta gente?

La ración que se vende a la población apenas alcanza para satisfacer las necesidades alimenticias del 10% de un mes de vida. El otro 90% lúchalo tú que para eso somos un pueblo aguerrido.

_Tengo que jugarla con el chiva de mi vecino que anda diciendo por ay que yo vendo leche condensada y voy a explotar como cafunga.

En Cuba aunque esto contradiga toda ley de marketing si trabajas con los productos lácteos trata de vender carne de res porque así evitas que den con la raíz de tu delito, pura contrainteligencia que te enseñan los propios agentes castristas cuando ellos participan de tus beneficios, su tu explotas a ellos se les acabo el suministro.

_Coño la gente cuando se pira se toman la coca cola del olvido, mi hermano hace meses que no manda nada y me mete la muela bizca de que no tiene trabajo, y yo se lo tengo que creer.

Gran injusticia este pensamiento, los cubanos de la isla no se imaginan los trabajos que se pasan para establecerse en un país, sea cual sea. Llegas con 40 años y es como si hubieras nacido ese día, estas en cero absoluto, nadie confía en ti ya puedes prometer que sacaras adelante cualquier proyecto que la respuesta siempre es, ya te llamaremos y como es lógico la llamada nunca llega.

De pronto todo se interrumpe ya llega el mensaje al celebro, la necesidad imperiosa de otro sorbo de la mítica bebida aromática no se hace esperar. Y así unos tras otros hasta que desaparece toda la infusión de la taza, el vaso, la lata de carne rusa adaptada con un asa, en fin cualquier cosa que pueda albergar un líquido o solido forma parte de la vajilla de un hogar cubano.

Se acabo el ritual hay que retomar la cruda realidad y hacer la calle si no de qué coño vamos a vivir.

Hacer la calle no es más que lograr ese 90% de productos y bienes que nos deja de asegurar el flamante gobierno revolucionario, que cual mal padre alcohólico y desaprensivo deja a la buena de Dios a toda su prole abandonados estos a su suerte.