Es muy triste verte tirado en una celda privado de libertad, el que no haya pasado por eso no conoce el dolor y la angustia que se siente cuando te arrancan el derecho a disfrutar la vida, es muy triste ver que pasan los días y con ellos suman los años, sientes como tu vida va extinguiéndose junto con las hojas del calendario que tiene la virtud o el defecto de lo irrepetible.
Los que administran bajo el manto legal las condenas saben que la libertad es lo más importante para un hombre y es esa libertad la que se convierte en el instrumento del castigo cuando te la arrancan. Después todo lo que venga puede ampliar o disminuir el dolor, puede denigrar o destruir al hombre, estas son las variables con las que juegan los que imponen la ley, que a veces hacen que esta deje de ser ciega y equilibrada, dictando para similares parámetros de acciones, diferentes penas, todo impecablemente amparado en palabrerías y tecnicismos legales.
Pero lo más lacerante resulta cuando la desproporción te coloca en una tesitura que cuestiona tus nobles actos, cuando alguien administrando justicia a través de comparativas legales decide arrancarte tus meritos y te etiqueta como un vulgar terrorista, y entonces en defensa de una sentencia preconcebida te cuestionaran, tú no eres un patriota, pronunciándose a conveniencia de lo que exija el manual de la administración política de turno, ¿En que se apoya tu vida de patriota? ¿Dónde están tus acciones patrióticas? ¿Dónde está tu amor a la patria? ¿Quiénes te defienden? No entienden, nunca entenderán desde su comodidad occidental nuestro sufrimiento y dolor.
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